Esperanza

El comienzo de un tiempo, lleva consigo siempre un fin, realmente nada puede ser absolutamente eterno en este mundo.

El último día del mes, el camino y la batalla que durante su vida nuestro amigo llevo consigo, junto a toda su familia, termino, sabíamos desde que le conocimos que no era algo curable, solo tratable.

No diremos que su ánimo no decayó, ni que  en sus fuerzas confió, el tener tanta conciencia de algo no te exenta del miedo, y de la duda de qué sería si esto fuera distinto, pero eso no es algo que pueda llegar a saberse.

Suena injusto como una mente con brillante potencial, sea frenada por un cuerpo que fue tan atacado dentro de sí, ninguna lucha es solitaria, una familia completa estuvo en cada paso, si se pudiera dar relevo al dolor, lo aceptarían sin dudarlo, pero ese no es el punto.

Ninguna vida es aislada, fue un caminar provechoso, utilizado inteligentemente, amoroso, confuso y muy rudo, fue un caminar tomado con toda la fuerza que pudo reunir y la que pudo apoyar en quienes le quisieron.

El final de una vida no es todo aquello que pudo ser, es lo que fue, lo que movió, provoco y experimento, es lo que aprendió y compartió.

 No somos todo lo que hubiera sido somos lo que hacemos, sentimos y decidimos proteger, somos lo mucho que decidimos aprender y mejorar.

Tal vez parezcamos un soplo de vida, pero somos el aliento de algo infinito que esconde un propósito. 

Y así damos gracias por tu vida…

Cuando nuestros pasos se encuentren cansados, y nuestro animo este fatigado, encontraremos en el trayecto, solo sí es que queremos verlo, las señales que se no envían para sobrellevar el dolor.

que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; (2 Corintios 4:8)

Porque nunca estamos abandonados ni solos, como nuestros ojos y alrededor pueden engañarnos y llevarnos a creer. Porque no seremos llevados a ningún lugar donde no seamos escuchados.

Porque a pesar del miedo, tendremos el mejor refugio para nuestras dudas, miedos y ansiedades.

Mi escondedero y mi escudo eres tú;
En tu palabra he esperado. (Salmos 119:114)

No dejemos de buscarle, que siempre se encontrará dispuesto a escucharnos con amor.

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